Llegué a trabajar al museo como todos los días, con mi cabello recogido, mi falda a la rodilla, y la blusa recatada del uniforme. Con esta ropa me siento tan vieja a pesar de mi juventud.
Hice el primer recorrido a estudiantes de una escuela privada, nada fuera de lo común.
Al terminar la ronda noté que había entrando él. Ya había venido tres veces en la última semana, no sé porqué viene tanto si las colecciones del museo no cambian.
Hoy por fin noté su mirada furtiva, contoneándose por mis curvas, y definitivamente hizo volar mi imaginación. Una pícara sonrisa se asomó en mis labios al atraparlo mirándome, y él no se sonrojó, por el contrario hizo más evidente su deseo.
Se acercó a mí y me preguntó en donde quedaba el baño, yo le indiqué la dirección, pero él me solicitó que si lo podía guiar. Yo asentí y él me siguió.
Mientras avanzábamos mi corazón latía fuerte, mis prendas íntimas se humedecían, y mi mente imaginaba muchas diversas situaciones alrededor de un baño… Aunque aún no sabía que pasaría.
Al llegar él se puso justo detrás de mí, me abrazó la cintura y pegó su miembro en mi trasero. Yo me intenté volver, pero sus brazos me aprisionaban y me suzurró al oído que si lo deseaba tanto como él a mí. Volteé a ver si venía alguien y lo introduje en el baño, empecé a besarle el cuello, a lamerle la oreja mientras él subía su mano por mi pierna, hasta colarse en aquel profundo rincón oscuro que se esconde entre mis piernas.
Yo bajé su cierre y le quité la faja, hasta que mi mano alcanzó su objetivo. Noté la sonrisa en su cara…el vigor y la humedad eran extramadamente fuertes, la respiración se me entrecortaba y sentía que se acercaba el momento, nuestras manos se movían rápido…él se detuvo, se arrodilló y subió mi falda por completo, ladeó mi ropa interior y jugueteó con su lengua… ¡Que forma de jugar! era exquisito. Definitivamente no pude resistirlo más y empapé su boca con mi fluído. Quise gritar pero sabía que no podía, sólo gemía en silencio…
Le quité por completo el pantalón, y empecé a besar su pene, lo lamía sin cesar de arriba a abajo, lo introducía en mi boca, mientras mi mano acariciaba sus nalgas, y él enrredaba sus dedos en mi pelo.
Quitó mi cara de su boca mientras el samen brotaba por el suelo, y me mordía el labio al mismo tiempo que acariciaba mis pechos.
Mi corazón regresaba a su normalidad, aunque mi respiración seguía un poco entrecortada… él me miró y me dijo:
-¿Quieres que regrese mañana?
Yo no le respondí, sólo lamí su oreja y lo acaricié por en cima del pantalón mientras reacomodaba mi falda.